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6
Mar

Posteguillo: “Julia practicó el incesto por razones de Estado”

   Posted by: Santiago Posteguillo    in Entrevistas, Prensa

Sangre, sudor y lágrimas. Eso es lo que esperan, ansiosos, los lectores de Santiago Posteguillo y sus novelas romanas. ¡Y por Júpiter que el autor lo cumple! añadiendo muchas más cosas: épica, aventuras, sexo, hechos históricos, intrigas, batallas, escenas espectaculares, guiños al presente… ‘Y Julia retó a los dioses’ (Planeta) es la continuación de ‘Yo, Julia’, premio Planeta 2018 , y en ella encontramos a Julia Domna (160-217 d.C.), esposa del emperador Septimio Severo, y madre de los también emperadores Caracalla y Geta, urdiendo sus planes para consolidar su dinastía en lo más alto del poder.

La obra sucede en Roma, el norte de África, Oriente Medio… y Britania, donde el autor ha realizado este martes, junto a más de veinte periodistas bajo la lluvia, un recorrido por el muro de Adriano y otros escenarios del libro, como las ruinas de la fortificación del emperador Severo en Vindolanda.

-¿Por qué estamos aquí?

-Barajamos la opción de ir a Antioquía, donde falleció Julia, la última ciudad turca en la frontera con Siria, pero ahora están los MiG-25 rusos volando por ahí, creando problemillas y no era aconsejable, más después del avión que tiraron en Teherán. Britania marca una inflexión en la vida de Julia, ella viene aquí como mujer de emperador y sale como viuda pero madre de dos co-emperadores, Antonino (futuro Caracalla) y Geta, ahí eclosiona el personaje y su influencia pasa a ser muy superior. Vivió a la sombra de su marido, pero con la entronización de sus hijos, ella destaca más y toma su papel contra los desmanes de estos, hasta el Senado le pide que ponga un poco de orden en la familia.

-¿Por qué erigió Adriano este muro frente al que estamos, de más de 100 kilómetros?

-Unía Britania de costa a costa. Los ingleses y escoceses lo niegan, pero la verdad es que el Imperio Romano tomó el control de la isla completamente. Este muro en el norte de Inglaterra marca una primera frontera, aún más arriba está la de Antonino y luego hubo más incursiones. Tenía tres funciones: la defensa militar, la regulación del comercio (con el cobro de impuestos) y amedrentar o marcar territorio. Adriano decidió que, más que seguir expandiéndose, el Imperio debía consolidar sus fronteras.

-¿En qué se diferencia de, por ejemplo, el muro de Trump en México?

-En nada. Se levantan con los mismos fines pragmáticos, pero no solucionan los problemas de fondo. Fíjese qué queda hoy del muro, unas piedras que visitan los turistas. No pudo parar la decadencia del Imperio Romano. Si no afrontas los problemas, no hay muro que los detenga.

-¿Los hechos históricos de la novela son reales?

-Soy fiel a ellos. Creo que no es necesario que aclare en una nota que lo mitológico, las escenas en que aparecen los dioses, me lo he inventado. Es un guiño socio-cultural a lo que ellos creían, a pies juntillas, y al mundo greco-latino. Me permitía solucionar un problema narrativo, que el final de Julia es muy dramático y triste, pero si la seguimos cien páginas más en el Reino de los Muertos, dejo al lector con un buen sabor de boca.

-Vemos en su novela que el emperador concede la ciudadanía romana a los pueblos conquistados… para cobrarles impuestos.

-Claro, pero de ese problema se dan cuenta después. Antes, cuando no eran ciudadanos, no podían ni presentar una denuncia ante un tribunal.

-En lo del incesto ¿no se le ha ido la mano?

-No soy yo, son las fuentes, la llamaban Yocasta, el nombre de la madre de Edipo. La gente del pueblo no pone apodos porque sí, desde luego pensaban que lo era. Cuando el río suena, agua lleva… Pero Julia usó el incesto no por perversión personal, sino por razones de Estado.

-¿Era feminista?

-Sería excesivo decir eso. Su actitud, su voluntad de poder, su determinación… permiten que las feministas de hoy puedan tomarla como modelo, pero ella no profesaba una ideología que no nacería hasta bastantes siglos después.

A Trump le diría que el muro de Adriano no paró la decadencia del Imperio Romano”

-¿Qué nos dice esta moneda con la efigie de Julia?

-Que fue poderosa, y que su peinado sofisticado, así como otros elementos de su vestuario, crearon tendencia en la moda.

-Era maquiavélica y seductora.

-Era una persona inteligente, que se hizo asesorar por gente sabia, entre ellos destacados filósofos, y estaba situada en el centro mismo del poder. La ficción me hace concretar sus acciones con fantasía, como cuando envía al médico Galeno a hacer de CSI porque no se fía de la supuesta muerte por accidente de algunos militares.

-¿Su hijo Antonino, el emperador Caracalla, era tan cruel? Lo dibuja como un psicópata…

-En Alejandría estaba muy descontrolado, quiso exterminar a todos los varones y realizó una masacre. Tiene buen nombre porque tú vas a Roma, a las Termas de Caracalla, donde hacen ópera, y asocias todo aquello a la cultura. Es verdad que entregó un edificio de uso público que estaba muy bien pero se comportó como un carnicero.

-¿Viajó a los lugares?

-Por supuesto. En Alejandría hay unos huesos que dicen que son de la masacre, lo llaman las catacumbas de Caracalla, pero creo que son invenciones posteriores. Navegué por el Nilo, me vi obligado a hacer un crucero, para ponerme en situación de cómo viaja una emperatriz tuve que alquilar el mejor camarote de un barco lujoso, qué remedio.

Saqué a un inspector de Hacienda, un miserable, en una novela… y, al poco, ¡sufrí una inspección yo mismo!

-Trata muchos temas actuales…

-La xenofobia, las epidemias (los romanos fueron pioneros de la guerra biológica), la violación, hasta utilizo la palabra ‘manada’ cuando Caracalla viola a su prima ante la mirada de los pretorianos, que no intervienen. Plauto criticaba a su sociedad situando las obras dos siglos antes, pero el público sabía perfectamente que se estaba metiendo con los senadores de su época. Cuando, en una de mis novelas, puse a un inspector de hacienda, un miserable que extorsionaba a las prostitutas, tuve una inspección de Hacienda…

-¿Qué me dice?

-Tal cual.

-Pero le fue bien ¿no?

-¡Hombre, claro! Yo pago el 50% de todo lo que gano. Lo único que me pueden discutir a veces es si tal gasto concreto era profesional o no… Si viajo por el Nilo, hay cosas que son de trabajo y otras no.

-Galeno está frustrado porque no le dejan disecar…

-No se podía rajar la piel humana, la piel era la frontera entre la vida y la muerte y solo estaba justificado hacerlo en la guerra. Eso retrasó el avance de la ciencia médica 1.300 años. Galeno diseccionó animales, quería hacerlo con humanos y no se lo permitieron. Buscaba manuscritos de médicos anteriores que lo habían hecho, textos que demostraban cosas de enjundia.

-¿Por qué pudieron hacerlo antes y él no?

-Las dictaduras tienen un 99% de desventajas, pero un 1% de ventajas, que es que si al dictador, un día, se le ocurre algo bueno, pues se hace. Y uno de los ptolomeos autorizó las disecciones humanas. Hicieron barbaridades, ojo, no solo disecciones, sino vivisecciones, como Hannibal Lecter, con esclavos y condenados a muerte. Lo de los derechos civiles no se llevaba mucho…

-Y lo de las vestales…

-Sí, las enterraban vivas, esa era la condena si perdían la virginidad. Es horrible.

-¿Las violó el emperador Caracalla?

-Sí, se trastornó, se acostó con ellas y, al trascender, las condenó a muerte.

En la novela, se lo organiza Aquilio Félix, el temido jefe de los servicios secretos.

-Era el comisario Villarejo de la época. Julia no se fía de alguien tan chaquetero, que está con quien toca, según sopla el viento. El control de la información, al igual que hoy, era básico. Con dinero e información se pueden hacer muchas cosas.

-Más allá de los ideales, usted dibuja unas campañas militares en Britania cuyo principal fin es obtener el oro y otras riquezas. ¿Era el Iraq de la época?

-Absolutamente. Los romanos vinieron por eso, luego los yacimientos minerales dejaron de ser tan potentes y se fueron, hicieron un Brexit a la inversa. Aquel desastre fue tapado por el mito artúrico, que se montaron los ingleses, pero en realidad atravesaron siglos de caos.

-¿Cómo era la vida de los romanos aquí, en esta campiña?

-Mire la lluvia, el clima, la otra noche nevó… Los legionarios debían de pensar: ‘¡Con lo bien que yo estaba en la taberna de la Via Apia!’. Teniendo el Mediterráneo, ¿quién prefiere venirse aquí? Era el fin del mundo. Fíjese en sus colegas periodistas, hay varios que se han caído al fango.

-Introduce un elemento mitológico, alterna la narración de los hechos con lo que hacen, mientras, los dioses en el Olimpo. Es una tragedia clásica.

-La segunda parte de la vida de Julia es una tragedia griega: envenenan al marido, sus dos hijos se pelean a muerte, hay guerras e intrigas horribles… Necesitaba una catarsis final, un final épico con el que sentirme a gusto. Hago un montón de guiños a la Ilíada y la Odisea.

-Sobre la pelea de los dos hermanos, ¡vaya escena de carrera de cuadrigas se ha marcado!

-Está probado que esa carrera entre los dos hermanos se produjo,pero no se sabe si en privado o públicamente, yo me la llevo al Circo Máximo. Julia los ve tan enfrentados que decide llevárselos a la guerra en Britania para calmarlos.

-La guerra como calmante…

-Julia, cuando ve muy nervioso a Caracalla, también lo envía a Germania para que se desfogue en el campo de batalla. Luchaba con una ferocidad que no era normal, y eso se transmitía a las legiones. Para mantener las fronteras, Caracalla valía.

-El Senado no queda muy bien parado…

-Era un grupo de elite corrupto, en la época imperial. Con la república, fue una oligarquía. No es la idea de democracia que tenemos.

-¿Se niega a que lleven a sus romanos al cine?

-¡No me niego! Hubo un proyecto de Mediapro en el que contrataron a un guionista que se alejaba totalmente de las novelas, y lo paré. Pero tenemos otro proyecto en marcha, que va lento. Y, antes, dicen que este año, habrá una serie documental sobre mujeres de Roma donde yo hago de presentador y hay actores. Rodaremos en Cinecittà, Bulgaria, Polonia…

FUENTE: La vanguardia

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Es el autor que más novelas históricas vende en España. Pero no sólo eso, sus historias, además de aclamadas por el público, también lo son por la crítica. Ganó el Premio Planeta en 2018 con ‘Yo, Julia’; ahora presenta la segunda parte de la historia de Julia Domna: ‘Y Julia retó a los dioses’. Hablamos con Santiago Posteguillo en Julia en la Onda.

“Es una enorme responsabilidad ser un superventas”, asevera Santiago Posteguillo (Valencia, 1967). “Uno siente vértigo y no quiere defraudar… lo que hay que hacer es convertirlo en un gran acicate para trabajar lo mejor posible”, explica el novelista. Julia Domna fue la emperatriz más poderosa que tuvo Roma, y además de las dificultades de vivir en un mundo de hombres, también contó con la dificultad de ser siria, es decir, extranjera en aquella peligrosa Roma.”Julia no se movía por moralidad, era una de las personas más pragmáticas de la historia”, explica Posteguillo. El autor nos relata los actos a los que tuvo que enfrentarse Domna, una mujer que describían como “atractiva e inteligente”: “Por el hecho de ser mujer no podía competir con sus enemigos hombres, por eso no duda en transgredir la moral o lo considerado como aceptable”. “La Historia la han contado hombres, por eso no hay un capítulo dedicado a Julia Domna en los libros de los grandes historiadores”, explica Posteguillo. No obstante, a través de los libros dedicados a su marido Septimio Severo o a sus hijos, los emperadores conocidos con los sobrenombres de Caracalla y Geta. “El capítulo de la historia de Julia Domna lo reconstruí con referencias cruzadas”, nos descrubre Posteguillo, que también nos explica que nadie se había interesado por la historia de Domna en mucho tiempo.”El cambio entre la primera novela (‘Yo, Julia’) y ‘Julia retó a los dioses’ es que en la primera Julia está a la sombra de su marido, pero en la segunda, cuando fallece, ella emerge como la madre de dos coemperadores y aumenta su influencia”, apunta el novelista.

“El cambio entre la primera novela y la nueva, es que Julia ya no está a la sombra de su marido”

¿Fue Julia Domna una buena madre, además de buena política y estadista? “Es muy improbable que si la novela la escribiera sobre Napoleón me peguntasen si fue buen padre, que no lo fue”, reflexiona el autor. “Tuvo problemas con sus hijos, y los asumió… ¿Si el enemigo es tu hijo existe la victoria? Ella cree que sí: como estadista consiguió más éxitos que como madre”, nos cuenta. “Asumió sus fallos como madre, incluso a riesgos de su vida”, zanja Posteguillo.

SI JULIA LLEGASE A LAS PANTALLAS…

Posteguillo está escribiendo un guión para elaborar una serie documental que pretende descrubir a mujeres olvidadas del antiguo imperio romano: ‘El corazón del Imperio’. ¿Y si Julia Domna llegara a las pantallas? “Úrsula Corberó podría interpretar a Julia Domna”, bromea Posteguillo. Asegura que además de ser una gran elección, la actriz cuenta con la admiración de su hija.

FUENTE: Ondacero.es

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15
Feb

Entrevista a Santiago Posteguillo en el diario Levante

   Posted by: Santiago Posteguillo    in Entrevistas

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Entrevista de Jose Ramón de la Morena a Santiago Posteguillo en el programa El Transistor.
(Minuto 01:00:47)

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SantiagoPosteguilloEnlaimperialTarraco

“Circo Máximo” (Planeta), la segunda novela de la serie de Marco Ulpio Trajano que inició “Los asesinos del emperador”, llega con la energía de un auriga. Viajamos en el tiempo hasta la Roma de Trajano en un paseo con su autor por Tarraco y aledaños. texto FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO fotos ASÍS G. AYERBE / FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO

Una lluvia fina y persistente, de la llamada calabobos, es la anfitriona a nuestra llegada a Tarragona –o debería decir Tarraco, para estar más en consonancia con el marco romano que visitamos–. Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) es nuestro guía como lo fue en Roma hace dos años, bajo aquel implacable sol que nadie añora en esta ocasión. Entonces nos habló de Los asesinos del emperador, la primera novela de la trilogía que tiene a Marco Ulpio Trajano, el primer emperador hispano, como eje central. Si allí, aunque se narraba su ascenso al trono, era un personaje algo secundario, aquí, a pesar de tratarse de una obra muy coral, la figura de Trajano lo inunda todo. Circo Máximo es, sin duda, la novela central de la trilogía. Potente por la descripción de las Guerras Dacias, por un juicio apasionante, por la lucha en la arena y por las carreras de cuadrigas. Todo un espectáculo, servido con los mejores cubiertos por un maestro de la novela histórica de romanos.

La misma sonrisa y buen talante muestra este filólogo y lingüista, profesor titular en la universidad Jaume I de Castellón, donde imparte clases de literatura inglesa, especialmente de la narrativa del siglo XIX. Su admiración por el emperador Trajano le ha llevado a escribir sobre él para intentar difundir la importancia del personaje desde la novela histórica. Hoy nos habla, al tiempo que recorremos los restos del anfiteatro y el circo romano de la imperial Tarraco, de Circo Máximo, escrita cada una de sus 1.200 páginas con la misma precisión e inteligente estrategia de las dos campañas dacias que el emperador de la Bética tan brillantemente realizó.

El entusiasmo de Posteguillo va unido a su percepción de que, a algunos personajes de probada valía, ni la historia ni la literatura les han hecho justicia. Es lo que le llevó a dedicar su primera trilogía a Publio Cornelio Escipión, el vencedor del cartaginés Aníbal en la batalla de Zama. Una trilogía potente que arremetió con enorme fuerza contra el vacío, según él, que había en el panorama español sobre el general romano. Ahora, tras Los asesinos del emperador, que como un ariete ha abierto las fortalezas de la curiosidad sobre Trajano y ha hecho prisioneros a tantos lectores, estos esperaban con ansia la segunda entrega. Circo Máximo superará las expectativas creadas; entre otras razones, por su elaborado y complejo tejido narrativo. El fresco que traza de una época con alta resolución en el detalle, la épica que transmite con una técnica similar a la cinematográfica, que permite visualizar los momentos álgidos, desde el cruento choque de los ejércitos a las frenéticas escenas de las carreras de cuadrigas, o la lucha en la arena. Todo ello, a través de una lectura que mantiene el ritmo y aumenta la tensión, como en las mejores novelas negras, bélicas, o películas sobre juicios, corrupción, traiciones y luchas a muerte en geografías distintas.

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Sobre estas líneas, el maniquí vestido de romano que da la bienvenida al local donde comieron Posteguillo y el firmante del artículo. El autor posa en el museo de arqueología de Tarragona; y en el centro, una vista del antiguo circo imperial de la ciudad catalana.

El contexto histórico

Imperturbable como un disciplinado oficial romano ante la menuda lluvia que le va calando, el escritor se mueve entre los restos arqueológicos valorando sus dimensiones, calculando su aforo, mientras explica que tanto el anfiteatro como el circo son representativos de lo que era una ciudad romana en la época imperial de Trajano. “Quien no estuvo propiamente vinculado a Tarragona, porque fue destacado militarmente en Regio (León). Lo que pasa es que Tarragona era una de dos grandes provincias romanas, y en tiempos de Trajano, y luego de Adriano, Tarraco se benefició de una política de amplia inversión en infraestructuras en Hispania”, comenta.

Este es un buen momento para abordar la importancia que tiene el situar bien un contexto. “En la novela histórica me gusta la idea del fresco. Por ejemplo, en la trilogía sobre Escipión me interesaba que el lector fuera consciente de que Plauto y el nacimiento del teatro clásico ocurren mientras Escipión y Aníbal están combatiendo”. Se limpia las gafas del agua que las empaña y continúa, esta vez refiriéndose a su última novela, cuyo tema central se ve acompañado de algunas “subhistorias” y pinceladas sobre el cristianismo, con apariciones de Juan, discípulo de Cristo; Ignacio, obispo de Antioquia, y Evaristo, obispo de Roma. “Me gusta que se vea que los cristianos de la época estaban preocupados porque estaban muriendo los discípulos, y no sabían cómo se iba a mantener el mensaje de Cristo. Y eso está sucediendo durante el gobierno de Trajano, y están pensando qué hacer”.

Una de las partes más intensas de la novela es el juicio a dos de sus protagonistas, el auriga más famoso del momento, Celler, y una vestal, acusados de mantener relaciones carnales. La sentencia de culpabilidad representaba para la vestal ser enterrada viva. Le preguntamos si existían precedentes comprobados. “En la época del emperador Domiciano se juzgó y condenó a cuatro: a tres vestales y a una vestal máxima, injustamente. Pero eso no importaba, porque el resultado de los juicios en Roma dependía más de la habilidad y discurso de los abogados, acusador y defensor, que de la justicia”. El escritor esboza una ligera sonrisa y dice con ternura, recordando al abogado defensor que intentará librarlos de la muerte: “A mí me gusta mucho Plinio el Joven. Tiene esa mirada cáustica, un poco de vuelta de todo; pero, al mismo tiempo, intenta ser digno y mantener que las cosas sean lo más justas posible”.

Encaminamos nuestros pasos hacia al museo de Historia de la ciudad; después, al arqueológico. Ha dejado de llover y, en su lugar, un sol resplandeciente intenta recuperar el tiempo perdido calentando el asfalto. En el museo encontramos algunas estatuas sin cabeza de Trajano, un par de ellas colocadas sobre pedestales, amén de diferentes representaciones de ciudadanos de la época. Y unos bellos mosaicos que, según el escritor, “son muestra del refinamiento romano en la época imperial”. Posteguillo admira igualmente la capacidad de construcción de los romanos: “Trajano reconstruirá en piedra, ladrillo y mármol el circo Máximo de Roma, y aquí, en Tarragona, hemos visto grandes bóvedas propias de un circo romano en la época altoimperial. Una buena muestra –insiste– de cómo era un circo en el interior. De su capacidad constructiva tenemos un ejemplo en la novela con la construcción del puente sobre el Danubio”. Antes de abandonar el recinto, nos relajamos al tropezar con una exposición erótica romana, que el autor califi ca de “floja” mientras sonríe entre pícaro y condescendiente.

La conquista de la Dacia

Santiago Posteguillo quiere dejar claro en la trilogía, y así nos lo asevera mientras almorzamos, que la conquista de la Dacia fue un hecho tan importante como la de las Galias por Julio César o la limpieza total que hizo Pompeyo el Grande de piratas en el Mediterráneo. “Pero es menos conocida porque la historia anglosajona no se ha interesado por esta parte. Lo importante que tiene la Dacia es que, con su conquista, Trajano quiebra la teoría del emperador Augusto de que no se debía pasar ni del Rin, ni del Danubio, ni del Éufrates. Fue un punto de infl exión que él quería extender a Oriente”, explica.

Las escenas de las dos Guerras Dacias, donde las legiones miden el acero de sus gladios con las falces dacias, esas armas alargadas que terminan en un fi lo curvado y que tantas piernas y brazos romanos seccionaron, lo mismo que la construcción de un puente sobre el Danubio a cargo del arquitecto Apolodoro de Damasco, están repletas de detalles, brutales y sangrientos, y de ejemplos del esfuerzo enorme por lograr sus objetivos por parte de todos los contendientes. “La conquista se llevó a cabo del 101 al 107, seis años y dos guerras no es mucho”, dice Posteguillo. Y recuerda que ya Julio César había trazado un plan para conquistar esa región actualmente situada en Rumanía, fronteriza en algún punto con Serbia. Su asesinato frustró la acción. Pero el emperador Domiciano lo intentó y acabó perdiendo dos legiones en el valle de Tapae, la V Alaudae y la XXI Rapax, cuyos estandartes quedaron en manos de Decébalo, rey de la Dacia.

La conversación se desarrolla en un marco adecuado, pues sobre nuestras cabezas se yergue una bóveda romana que, de cuando en cuando, atrae nuestras miradas. Y la entrada del restaurante está guardada por un muñeco vestido de legionario, lo que da rienda a nuestra fantasía y hace que nos sintamos en plena campaña de la Dacia. Posteguillo manifiesta que podrían existir paralelismos en estas campañas con la de Hispania. Entre otros, explica que “en España hubo grandes asedios, como el de Numancia, y en la novela se narra el de la capital dacia, Sarmizegetusa. Y hay casos de resistencia hasta el fi n, pues los dacios eran grandes guerreros”. Los lectores recordarán las épicas escenas del sitio de Jerusalén relatadas en Los asesinos del emperador, y Circo Máximo no se queda a la zaga en cuanto a impacto y espectacularidad. De los aliados del rey Decébalo, sármatas y roxolanos, el escritor describe a los primeros y su caballería como formidables: “Tenían caballería pesada con movilidad y eran guerreros muy fuertes. Tanto caballos como jinetes iban protegidos. Los romanos les temían”.

La Fórmula Uno del siglo II

Si en Circo Máximo el autor narra fundamentalmente por qué Trajano es un gran gobernante y su conquista de la Dacia, el principio y el fi nal de la novela se podría decir que cuentan con un “marco dorado”, según el escritor, que son dos grandes carreras de cuadrigas.

Se nota que Santiago Posteguillo es cinéfilo, y que le gustan sobremanera las dos versiones de Ben-Hur, dadas las impresionantes escenas que describe en la novela sobre las carreras de cuadrigas. Se descubre que los aurigas se ataban las riendas al cuerpo y tenían un cuchillo a mano, “como está presente en las estatuas que los representan”, explica. “En la película protagonizada por Charlton Heston no sale porque no tenían los asesores que debían”, reprocha.

Si la primera competición que se relata en la novela es trepidante, brutal, una especie de mezcla de Indianápolis y Monza, las otras son sencillamente apoteósicas. El autor describe igualmente el mundo de las corporaciones, diferenciadas por su color, y el de las apuestas, que movían grandes sumas de dinero. El lector se enamorará de Níger, el caballo que, junto a Orynx, Tigres y Raptore, manejados por Celler, el más prestigioso auriga de los Rojos en la novela, escribirá una página intensamente épica y hermosa. Son, literariamente, caballos para la gloria, cuyos relinchos, esfuerzos y valor quedarán impresos en la memoria de cuantos lean esta novela.

Antes de despedirnos, Santiago Posteguillo explica que de las carreras de cuadrigas hay menos documentación que de las luchas gladiatorias, aunque vienen a desaparecer aproximadamente al mismo tiempo. “De hecho, las carreras de cuadrigas eran prácticamente a muerte, porque los accidentes eran constantes. Y eso no ha quedado reflejado y no se ha recreado tanto. Es más costoso económicamente. ¿Porque, cómo metes doce cuadrigas y 48 caballos en una película?”.

Antes de partir saludamos al legionario de pega y le hago una última fotografía, con el autor a su lado. ¡Qué menos, tratándose de un romano!.

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29
Jul

Santiago Posteguillo entrevistado en SER-Historia por Nacho Ares

   Posted by: Santiago Posteguillo    in Entrevistas

Santiago Posteguillo entrevistado en SER-Historia por Nacho Ares

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