18
Sep

Entrevista en Las Provincias

   Posted by: Santiago Posteguillo Tags: , , ,

Esta es la entrevista que el periódico Las Provincias realizó a Santiago Posteguillo, en la que habló sobre la actualidad -marcada por la pandemia COVID-19- y sus últimas novelas y proyectos. 

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Mañana, a las 13 h., os espero en mi Instagram (@santiago_posteguillo) para inaugurar el ciclo de #TalleresPlaneta . El tema de mi taller será: “La creación de la novela histórica: entre libros antiguos y viajes modernos”.

¡Os espero!

#YoMeQuedoEnCasa
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Sangre, sudor y lágrimas. Eso es lo que esperan, ansiosos, los lectores de Santiago Posteguillo y sus novelas romanas. ¡Y por Júpiter que el autor lo cumple! añadiendo muchas más cosas: épica, aventuras, sexo, hechos históricos, intrigas, batallas, escenas espectaculares, guiños al presente… ‘Y Julia retó a los dioses’ (Planeta) es la continuación de ‘Yo, Julia’, premio Planeta 2018 , y en ella encontramos a Julia Domna (160-217 d.C.), esposa del emperador Septimio Severo, y madre de los también emperadores Caracalla y Geta, urdiendo sus planes para consolidar su dinastía en lo más alto del poder.

La obra sucede en Roma, el norte de África, Oriente Medio… y Britania, donde el autor ha realizado este martes, junto a más de veinte periodistas bajo la lluvia, un recorrido por el muro de Adriano y otros escenarios del libro, como las ruinas de la fortificación del emperador Severo en Vindolanda.

-¿Por qué estamos aquí?

-Barajamos la opción de ir a Antioquía, donde falleció Julia, la última ciudad turca en la frontera con Siria, pero ahora están los MiG-25 rusos volando por ahí, creando problemillas y no era aconsejable, más después del avión que tiraron en Teherán. Britania marca una inflexión en la vida de Julia, ella viene aquí como mujer de emperador y sale como viuda pero madre de dos co-emperadores, Antonino (futuro Caracalla) y Geta, ahí eclosiona el personaje y su influencia pasa a ser muy superior. Vivió a la sombra de su marido, pero con la entronización de sus hijos, ella destaca más y toma su papel contra los desmanes de estos, hasta el Senado le pide que ponga un poco de orden en la familia.

-¿Por qué erigió Adriano este muro frente al que estamos, de más de 100 kilómetros?

-Unía Britania de costa a costa. Los ingleses y escoceses lo niegan, pero la verdad es que el Imperio Romano tomó el control de la isla completamente. Este muro en el norte de Inglaterra marca una primera frontera, aún más arriba está la de Antonino y luego hubo más incursiones. Tenía tres funciones: la defensa militar, la regulación del comercio (con el cobro de impuestos) y amedrentar o marcar territorio. Adriano decidió que, más que seguir expandiéndose, el Imperio debía consolidar sus fronteras.

-¿En qué se diferencia de, por ejemplo, el muro de Trump en México?

-En nada. Se levantan con los mismos fines pragmáticos, pero no solucionan los problemas de fondo. Fíjese qué queda hoy del muro, unas piedras que visitan los turistas. No pudo parar la decadencia del Imperio Romano. Si no afrontas los problemas, no hay muro que los detenga.

-¿Los hechos históricos de la novela son reales?

-Soy fiel a ellos. Creo que no es necesario que aclare en una nota que lo mitológico, las escenas en que aparecen los dioses, me lo he inventado. Es un guiño socio-cultural a lo que ellos creían, a pies juntillas, y al mundo greco-latino. Me permitía solucionar un problema narrativo, que el final de Julia es muy dramático y triste, pero si la seguimos cien páginas más en el Reino de los Muertos, dejo al lector con un buen sabor de boca.

-Vemos en su novela que el emperador concede la ciudadanía romana a los pueblos conquistados… para cobrarles impuestos.

-Claro, pero de ese problema se dan cuenta después. Antes, cuando no eran ciudadanos, no podían ni presentar una denuncia ante un tribunal.

-En lo del incesto ¿no se le ha ido la mano?

-No soy yo, son las fuentes, la llamaban Yocasta, el nombre de la madre de Edipo. La gente del pueblo no pone apodos porque sí, desde luego pensaban que lo era. Cuando el río suena, agua lleva… Pero Julia usó el incesto no por perversión personal, sino por razones de Estado.

-¿Era feminista?

-Sería excesivo decir eso. Su actitud, su voluntad de poder, su determinación… permiten que las feministas de hoy puedan tomarla como modelo, pero ella no profesaba una ideología que no nacería hasta bastantes siglos después.

A Trump le diría que el muro de Adriano no paró la decadencia del Imperio Romano”

-¿Qué nos dice esta moneda con la efigie de Julia?

-Que fue poderosa, y que su peinado sofisticado, así como otros elementos de su vestuario, crearon tendencia en la moda.

-Era maquiavélica y seductora.

-Era una persona inteligente, que se hizo asesorar por gente sabia, entre ellos destacados filósofos, y estaba situada en el centro mismo del poder. La ficción me hace concretar sus acciones con fantasía, como cuando envía al médico Galeno a hacer de CSI porque no se fía de la supuesta muerte por accidente de algunos militares.

-¿Su hijo Antonino, el emperador Caracalla, era tan cruel? Lo dibuja como un psicópata…

-En Alejandría estaba muy descontrolado, quiso exterminar a todos los varones y realizó una masacre. Tiene buen nombre porque tú vas a Roma, a las Termas de Caracalla, donde hacen ópera, y asocias todo aquello a la cultura. Es verdad que entregó un edificio de uso público que estaba muy bien pero se comportó como un carnicero.

-¿Viajó a los lugares?

-Por supuesto. En Alejandría hay unos huesos que dicen que son de la masacre, lo llaman las catacumbas de Caracalla, pero creo que son invenciones posteriores. Navegué por el Nilo, me vi obligado a hacer un crucero, para ponerme en situación de cómo viaja una emperatriz tuve que alquilar el mejor camarote de un barco lujoso, qué remedio.

Saqué a un inspector de Hacienda, un miserable, en una novela… y, al poco, ¡sufrí una inspección yo mismo!

-Trata muchos temas actuales…

-La xenofobia, las epidemias (los romanos fueron pioneros de la guerra biológica), la violación, hasta utilizo la palabra ‘manada’ cuando Caracalla viola a su prima ante la mirada de los pretorianos, que no intervienen. Plauto criticaba a su sociedad situando las obras dos siglos antes, pero el público sabía perfectamente que se estaba metiendo con los senadores de su época. Cuando, en una de mis novelas, puse a un inspector de hacienda, un miserable que extorsionaba a las prostitutas, tuve una inspección de Hacienda…

-¿Qué me dice?

-Tal cual.

-Pero le fue bien ¿no?

-¡Hombre, claro! Yo pago el 50% de todo lo que gano. Lo único que me pueden discutir a veces es si tal gasto concreto era profesional o no… Si viajo por el Nilo, hay cosas que son de trabajo y otras no.

-Galeno está frustrado porque no le dejan disecar…

-No se podía rajar la piel humana, la piel era la frontera entre la vida y la muerte y solo estaba justificado hacerlo en la guerra. Eso retrasó el avance de la ciencia médica 1.300 años. Galeno diseccionó animales, quería hacerlo con humanos y no se lo permitieron. Buscaba manuscritos de médicos anteriores que lo habían hecho, textos que demostraban cosas de enjundia.

-¿Por qué pudieron hacerlo antes y él no?

-Las dictaduras tienen un 99% de desventajas, pero un 1% de ventajas, que es que si al dictador, un día, se le ocurre algo bueno, pues se hace. Y uno de los ptolomeos autorizó las disecciones humanas. Hicieron barbaridades, ojo, no solo disecciones, sino vivisecciones, como Hannibal Lecter, con esclavos y condenados a muerte. Lo de los derechos civiles no se llevaba mucho…

-Y lo de las vestales…

-Sí, las enterraban vivas, esa era la condena si perdían la virginidad. Es horrible.

-¿Las violó el emperador Caracalla?

-Sí, se trastornó, se acostó con ellas y, al trascender, las condenó a muerte.

En la novela, se lo organiza Aquilio Félix, el temido jefe de los servicios secretos.

-Era el comisario Villarejo de la época. Julia no se fía de alguien tan chaquetero, que está con quien toca, según sopla el viento. El control de la información, al igual que hoy, era básico. Con dinero e información se pueden hacer muchas cosas.

-Más allá de los ideales, usted dibuja unas campañas militares en Britania cuyo principal fin es obtener el oro y otras riquezas. ¿Era el Iraq de la época?

-Absolutamente. Los romanos vinieron por eso, luego los yacimientos minerales dejaron de ser tan potentes y se fueron, hicieron un Brexit a la inversa. Aquel desastre fue tapado por el mito artúrico, que se montaron los ingleses, pero en realidad atravesaron siglos de caos.

-¿Cómo era la vida de los romanos aquí, en esta campiña?

-Mire la lluvia, el clima, la otra noche nevó… Los legionarios debían de pensar: ‘¡Con lo bien que yo estaba en la taberna de la Via Apia!’. Teniendo el Mediterráneo, ¿quién prefiere venirse aquí? Era el fin del mundo. Fíjese en sus colegas periodistas, hay varios que se han caído al fango.

-Introduce un elemento mitológico, alterna la narración de los hechos con lo que hacen, mientras, los dioses en el Olimpo. Es una tragedia clásica.

-La segunda parte de la vida de Julia es una tragedia griega: envenenan al marido, sus dos hijos se pelean a muerte, hay guerras e intrigas horribles… Necesitaba una catarsis final, un final épico con el que sentirme a gusto. Hago un montón de guiños a la Ilíada y la Odisea.

-Sobre la pelea de los dos hermanos, ¡vaya escena de carrera de cuadrigas se ha marcado!

-Está probado que esa carrera entre los dos hermanos se produjo,pero no se sabe si en privado o públicamente, yo me la llevo al Circo Máximo. Julia los ve tan enfrentados que decide llevárselos a la guerra en Britania para calmarlos.

-La guerra como calmante…

-Julia, cuando ve muy nervioso a Caracalla, también lo envía a Germania para que se desfogue en el campo de batalla. Luchaba con una ferocidad que no era normal, y eso se transmitía a las legiones. Para mantener las fronteras, Caracalla valía.

-El Senado no queda muy bien parado…

-Era un grupo de elite corrupto, en la época imperial. Con la república, fue una oligarquía. No es la idea de democracia que tenemos.

-¿Se niega a que lleven a sus romanos al cine?

-¡No me niego! Hubo un proyecto de Mediapro en el que contrataron a un guionista que se alejaba totalmente de las novelas, y lo paré. Pero tenemos otro proyecto en marcha, que va lento. Y, antes, dicen que este año, habrá una serie documental sobre mujeres de Roma donde yo hago de presentador y hay actores. Rodaremos en Cinecittà, Bulgaria, Polonia…

FUENTE: La vanguardia

Los romanos hicieron el Brexit al revés, asegura el escritor Santiago Posteguillo junto al muro de Adriano, construido para delimitar el imperio romano en Britania, donde ha presentado este martes su nueva novela, “Y Julia retó a los dioses”

Continuación de “Yo, Julia”, con la que obtuvo el Premio Planeta en 2018, el nuevo libro del valenciano Santiago Posteguillo, el autor de novela histórica en español mas vendido, cierra la historia sobre la memoria de la emperatriz más poderosa de la antigua Roma, una mujer que transformó su entorno y cambió el curso de la historia.

Desde lo que era “el fin del mundo” para los romanos, el escritor recuerda cómo Severo y Caracalla, esposo e hijo de Julia, respectivamente, conquistaron toda Britania pero luego se retiraron haciendo “el Brexit al revés” porque el territorio no les compensaba el esfuerzo militar.

Al igual que hizo Robert Graves con “Yo, Claudio”, Santiago Posteguillo cierra con esta nueva novela su historia sobre Julia Domna, una novela histórica salpicada de mitología con un guiño a la Odisea y a la Iliada donde los dioses intervienen en la vida de los humanos.

Y lo ha hecho porque quería que Julia, una mujer irrepetible en la historia de Roma, no tuviera un final tan injusto como el que padeció, a causa de un dolorosísimo cáncer, que entristeciera a los lectores. De tal forma que, después de la muerte de la emperatriz, quedarán todavía cien páginas que transcurren en el inframundo de los dioses, desde donde la protagonista seguirá controlando el imperio.

Su dinastía seguirá en el poder 20 años más después de su muerte y a partir de entonces comenzará el “principio del fin” del imperio.

Mujer y extranjera, Julia gobernó Roma durante muchos años. Algo que, explica Posteguillo, no sería posible en el equivalente al imperio romano de la actualidad, Estados Unidos, donde para ser presidente del país hay que haber nacido allí.

Las traiciones internas, el virus de la viruela, que denominaban peste, y la enfermedad fueron los enemigos de Julia pero, sobre todo, fue el odio que se tenían sus hijos, Geta y Antonino o Caracalla, un enfrentamiento que crece a la muerte de su padre, el emperador Severo Augusto, en Britania en febrero de 211 d.C.

Allí había acudido la familia imperial para hacer la guerra en un territorio que parecía ingobernable pues cada cierto tiempo se levantaban las tribus y disputaban el territorio a los romanos. Y allí morirá Severo advirtiendo a su mujer de sus hijos: “se van a matar entre sí”.

Efectivamente, Geta murió acuchillado por su hermano, pero Julia, ante todo, era una mujer “tremendamente pragmática” que antepuso la necesidad de Estado a cualquier otra consideración: “aunque creamos que los políticos en la actualidad son pragmáticos, al lado de Julia son amateurs”.

Porque cuando Caracalla mata a su hermano, la emperatriz decide estar al lado del que ha vivido: “eso es pragmatismo”, dice el escritor, que señala que “no habrá ningún tabú que Julia no esté dispuesta a transgredir para que su dinastía conserve el poder, incluso el incesto”.

Otro de sus enemigos fue la peste, como denominaban a la epidemia de la viruela, a la que tuvo que hacer frente en su mandato, ayudada por el médico Galeno.

“Y Roma pudo ganar esa batalla y detener el brote porque las autoridades imperiales se sometieron a las autoridades sanitarias” indica Posteguillo, preguntado por las similitudes con el coronavirus en la actualidad.

“Las crisis sanitarias las tienen que liderar las autoridades sanitarias”, ha recalcado Posteguillo que ha lamentado “no tener hoy en día a un Galeno con su capacidad de observación”. Además, ha asegurado que los romanos fueron los pioneros de la guerra biológica.

Julia falleció de un cáncer de pecho diagnosticado por Galeno para el que el médico no tenía tratamiento.

Antes había visto como su hijo Caracalla era asesinado y, aunque el cáncer le provocó terribles dolores, fue capaz de diseñar toda una estrategia para que su hermana pudiera enfrentarse al usurpador del trono y derrocarlo.

A pesar de todas esas luchas familiares, fue durante la dinastía de Julia cuando la ciudadanía romana se extendió por todas las provincias. Tras su caida, el imperio entero se adentró en un brutal desgobierno que duraría decenios. Desde el final de la dinastía de Julia en 235 d.C. hasta 268 d.c se proclamaron hasta un total de 29 emperadores.

La historia de Julia es digna de una serie de televisión, una adaptación para la que ya ha habido algún contacto, ha explicado Posteguillo, aunque todavía reconoce que “está muy verde”.

Lo que si está terminando de escribir son los guiones para una serie documental “Corazón del imperio” que se estrenará a finales de este año en Movistar de seis episodios sobre mujeres en el imperio romano.

Y ya ha escrito el final de lo que será la primera novela de otra serie que, sostiene, será su proyecto más ambicioso: “hasta ahora estaba calentando motores”, dice. Por su puesto, será sobre Roma.

FUENTE: Efe.com

Pasan las eras, los siglos, y seguimos mirando a Roma buscando quién sabe qué. Todo, quizás. Éxito, fracaso, aventura, tragedia, venganza, pasión, juegos de poder… En fin, historias, que es de lo que trata esto de la literatura, por mucho que deconstruyamos. Con esos ingredientes, siempre bien mezclados y agitados, Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) ha cocinado una extensa y exitosa obra, que ha demostrado que el mundo clásico puede ser un lugar de regodeo y diversión para unos cuantos millones de lectores, además de un gran negocio. Su peripecia narrativa comenzó en 2006 con la publicación de «Africanus, el hijo del cónsul», en el que recuperó la figura del general Escipión, y hoy continúa con «Y Julia retó a los dioses», secuela de la exitosísima «Yo, Julia», que en 2018 le hizo merecedor del premio Planeta. Estas dos novelas, claro, están protagonizadas por la admirable Julia Domna, emperatriz consorte de roma y mujer inmortal por derecho propio.

La de «Y Julia retó a los dioses» es una historia crepuscular, de declive vital, en la que tanto Julia como su marido, el emperador Septimio Severo, afrontan achaques de salud y conspiraciones más o menos familiares para derrocarlos. En este ambiente, y sufriendo unos dolores indecibles a causa de un cáncer de mama, ella hace todo lo posible para mantener unido un Imperio que agoniza entre corruptelas, pandemias y ataques bárbaros. Rema a contracorriente, frenando lo inevitable: el final de las cosas tal y como las había construido, la muerte de su dinastía. «Con su esfuerzo consiguióretrasar mucho la división del Imperio, y ese es un mérito que hay que reconocerle, porque sin ella la ruptura hubiese sido más brusca, más abrupta. Julia es uno de los personajes más admirables del Imperio Romano», afirma, tajante, Posteguillo, que achaca el desconocimiento de esta figura capital de nuestro pasado al rencor de sus contemporáneos. «Ella vivió un mundo controlado por hombres, y rompió a muchos. Dejó como idiotas a un montón de emperadores, supo imponerse y manipularlos para conseguir sus objetivos. ¿Cómo quedan ellos? Como bastante estúpidos. Pues a los historiadores romanos no les interesaba relatar esto», lamenta.

Julia es el tercer gran nombre que este autor rescata del Imperio, después de Escipión y Trajano. Aunque en esta obra también cobra una vital importancia Galeno, un secundario de lujo que actúa como narrador y salvador, pues frena una pandemia de viruela que acecha a la comitiva imperial en una campaña en Egipto. «En esa crisis el poder político-militar tiene la inteligencia de supeditarse a la autoridad sanitaria, que es Galeno: le hacen caso y detienen la expansión», asevera Posteguillo. Su conocimiento, insiste, era asombroso, muy superior a la tecnología de la época, como si hubiese oteado el futuro en sueños. «Yo me quedé muy impresionado mientras lo investigaba. Galeno era capaz de detectar cánceres en el colegio de gladiadores de Pérgamo, que es donde empezó a ejercer. Conseguía incluso intervenir quirúrgicamente estos tumores. Era un grandísimo médico. Si tuviéramos un Galeno hoy día el coronavirus nos duraba dos tardes», subraya.

Dice Posteguillo que la historia de Roma es una mina inagotable, y por lo que parece no piensa dejar de picar. «Para el tema novelístico necesitas conflicto. Y si hay algo en Roma es conflicto», sentencia. Después, concreta: «Puedes recurrir a gladiadores, legionarios, legiones, batallas, asedios, traiciones, leones en el anfiteatro, batallas navales, carreras de cuadrigas, violaciones, incestos, todo tipo de relaciones sexuales… Es un potencial dramático increíble». Y no solo es eso, es que esas aventuras forman parte de lo que somos, son el sustrato sobre el que hemos levantado esta fantasía que es Europa. «Como Trajano, comprendemos que la ejemplaridad es fundamental para que la gente sea leal y quiera reproducir los buenos comportamientos. Sin embargo, también hemos heredado sus defectos, como la corrupción, que tiene su origen en el sistema clientelar del senado romano… En lo mejor y en lo peor venimos de Roma», remata.

FUENTE: Abc.es

El autor de la saga sobre la emperatriz romana madre de Cracalla presenta su nueva novela ‘Y Julia retó a los dioses’ en un sector de la muralla romana en Northumbria.

”¡Aggh!”, gritó un tipo al resbalar espectacularmente junto al Muro de Adriano y desplomarse en el barro espolvoreado de nieve como alcanzado por un dardo de los pictos, —los tatuados y pintarrajeados salvajes habitantes del norte de la frontera romana en Britania—. El individuo era un veterano periodista del grupo que acompañaba esforzadamente a Santiago Posteguillo en la presentación ayer martes, en tan remoto lugar, de su nueva novela Y Julia retó a los dioses (Planeta), la segunda y última parte de la serie dedicada a la emperatriz Julia Domna, cuya primera entrega, Yo, Julia, ganó el Premio Planeta 2018.

Presentar el nuevo libro (150.000 ejemplares de salida) aquí, en este brumoso, solitario y frío limes caledónico, bajo una llovizna insidiosa que volvía aún más inestable y peligroso el terreno, no era un simple capricho del escritor, aunque le hace gracia la idea de que con sus voluminosos tomos romanos se podría hacer una feliz muralla literaria. La frontera norte de Britania es uno de los escenarios de la nueva novela, que lleva al lector de punta a punta del imperio siguiendo las vicisitudes de la dinastía de los Severos y de la que Posteguillo ha convertido en su personaje fundamental, Julia Domna, la esposa de Septimio Severo, madre de Caracalla y tía abuela de Heliogábalo (tres emperadores de la familia). Alguien sugirió que probablemente haría mucho mejor tiempo en Antioquía, Edesa o Ctesifonte, otras localizaciones más al sur.

Estaba Posteguillo explicando la Expeditio Felicissima Britannica, que es como se denominó la campaña de Septimio Severo y su brutal hijo Caracalla al norte del Muro de Adriano cuando una reportera chilló al patinar. Sonó también “¡Aggh!”, como hace que griten sus personajes Posteguillo cuando son heridos o mueren. “Enrólate en las legiones y verás mundo”, apuntó filosóficamente alguien, citando Astérix legionario en vez de a Herodiano (cada uno lee lo que lee). Fueron varios los seguidores de Posteguillo en el Muro que mordieron el barro. No él, que avanzaba como un curtido centurión envuelto en el halo de la historia y un equipo excelente, digno de un sherpa, para avanzar por la muralla que en la zona elegida para la excursión, Steel Righ, en el sector de la torre 39 A, es particularmente abrupto y endemoniadamente empinado, hasta el vértigo.

De hecho, el paseo se volvió tan duro que se detuvo antes de llegar al objetivo inicial, el famoso Sycamore Gap, donde se encuentra el árbol más fotografiado de Gran Bretaña, y uno de los lugares más populares del Muro porque aparece en la película Robin Hood de Kevin Costner. No hacía falta llegar porque desde luego con un día así Costner seguro que no iba a estar y las bajas por patinazo habrían sido superiores a las de la batalla de Teutoburgo.

Tras observar más allá del Muro la nada turbia del norte punteada de cornejas y entender porqué querrían los pictos pasar al otro lado, la excursión siguió calentita en autocar hasta Vindolandia, gran campamento permanente de las tropas romanas y uno de los lugares emblemáticos de la muralla. Allí, en el castellum severianum, el fuerte construido por los Severos y en el que se acuarteló una cohorte de paisanos hispanos -con algún jinete bátavo-, la I Vardullorum, Posteguillo siguió con las explicaciones. La segunda novela de Julia, “cuenta cómo es más difícil mantenerse en el poder que llegar, y que el peor enemigo siempre es el interior”.

En el libro, Julia maniobra para consolidar la dinastía, conjurar el peligro del odio entre sus dos hijos, el “violador” Caracalla y Geta y eliminar a cualquier rival. Posteguillo ha introducido un elemento fantástico en el relato que es el que los dioses romanos se convierten en personajes de la historia. “Nada nuevo, ya lo hizo Homero”, señala con sonrisa pilla el escritor al que en este ambiente le cuadraría un casco con penacho o llevar el águila como un portaestandarte de la legión Victrix.

También sitúa algunas escenas en el más allá infernal, con la aparición de Caronte como sorprendente secundario, lo que le permite que personajes muertos sigan expresándose y maquinando. Aparte de Julia, protagonista total de la función, tienen un papel importante el prefecto pretoriano Quinto Mecio, enamorado de ella. “Algunas lectoras ya me han dicho que quieren un Mecio en sus vidas, y que si les puedo pasar el WhatsApp”, bromea el autor.

¿Es su Julia, tan omnímoda, real? “He hecho un poco de discriminación positiva, pero lo he hecho para compensar que históricamente ha habido mucha negativa contra mujeres como ella, y así compenso”. ¿Tuvo sexo con su hijo Caracalla? “No me invento nada, por algo la llamaban en su tiempo Yocasta, como la incestuosa madre de Edipo. Pero gobernaba, y lo hacía bien. No creo que en mi novela haya distorsionado la historia más que las fuentes antiguas”. Sorprende que cuando crees que Posteguillo se ha inventado algo, lo consultas en los clásicos y allí está. Como lo de la victoria romana contra los partos al poner abrojos ante las patas de los “camellos acorazados”, algo atestiguado por Herodiano.

Posteguillo retrata la época de los Severos, que compara con los julio-claudios y los flavios, como el último gran momento del imperio romano y uno de los más brillantes. Para Edward Gibbon era al revés, el principio de la decadencia y caída. “Ahí él hizo una interpretación muy sui generis, emitió unos juicios muy de su época. En todo caso es algo interpretable, pero yo creo que el declive empieza luego con la anarquía militar. Que hubiera problemas y infortunios en el interior de la casa imperial no quiere decir que el imperio no funcionara, y bien”, afirma lanzando una mirada admirativa a su alrededor en este lejano lugar que una vez fue también Roma.

FUENTE: Elpais.com