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Posteguillo continúa su trilogía sobre Trajano con ‘Circo Máximo’, en la que narra los entresijos de un juicio, describe la conquista de la Dacia y cumple su sueño de contar una carrera de cuadrigas

Braulio Ortiz
Con la segunda entrega de su trilogía consagrada a Trajano, una serie que inauguró con Los asesinos del emperador y que continúa ahora con Circo Máximo (Planeta), Santiago Posteguillo materializa una fantasía que albergaba desde hacía tiempo: la de trasladar a la prosa la emoción y la intriga de las carreras de cuadrigas. “Siempre había querido contar algo así, pero hasta hace un par de años no se me ocurrió la forma de describir una carrera que fuera original”, confiesa un autor que esta semana presentó en el Conjunto Arqueológico de Itálica, la ciudad en la que nació Trajano, su nueva obra. Posteguillo siempre busca, dice, “el ángulo inesperado, porque de Roma se ha escrito mucho y lo han hecho magníficos autores. Hay que poner la cámara en un sitio sorprendente”: en algunos pasajes, el narrador se centra en las vivencias de un caballo, Niger, para describir la intensidad de la competición.

La exhaustiva documentación en que se apoya Posteguillo -el volumen, de más de mil páginas, incorpora glosarios, mapas, ilustraciones y diagramas- no impide que el autor se abandone al placer de encadenar los episodios más impredecibles: la ficción se ocupa tanto del juicio a una vestal -obligada a guardar la virtud como sacerdotisa de Vesta y acusada de haber tenido una relación con un auriga- como de los avances en la conquista de la Dacia. “La novela tiene un gran marco dorado, que es el mandato de Trajano, un gran gobernante desde el punto de vista administrativo y militar, pero nos faltaba el centro. Podría haber contado un complot para asesinar a Trajano, pero no quería que fuera una copia de la novela anterior y así se iba a parecer demasiado”, reconoce el valenciano sobre las vacilaciones que tuvo antes de encarar la escritura del libro. Fue ganando peso, en ese periodo, la perspectiva de exponer el proceso al que se enfrenta una persona acusada de un crimen que no ha cometido. “Me gustan las novelas de John Grisham, que creo además que han tenido adaptaciones estupendas al cine; me gustaba Perry Mason, o ese personaje de Charles Laughton en Testigo de cargo, esas películas de abogados en las que el culpado es inocente”, manifiesta. Ahí encontró la inspiración para Menenia, la vestal; más tarde, investigando quién podía defenderla, Posteguillo llegó a Plinio, “que era el mejor abogado de la época. Y como la editorial, Planeta, no repara en gastos… pues lo contratamos”, bromea.

Para su relato, Posteguillo no pudo basarse en la crónica que Trajano hizo de las campañas dácicas, ya que los contenidos de De bello dacico se perdieron, aunque Circo Máximo sí se basa en lo que contaba Dión Casio de aquellas guerras. El autor sabe que la inspiración no está solo en las fuentes y en el criterio de los expertos, y que viajar ayuda a dar forma a la narración, por lo que durante la redacción del libro se desplazó a Rumanía, levantada sobre la antigua Dacia. Allí se encontró sorpresas que revive con emoción: como el hallazgo de la lápida de Longino, el amigo de Trajano, que podría ser una columna del santuario cristiano más antiguo del país, en Densus; o los restos del puente que construyó Apolodoro de Damasco sobre el Danubio. “Me apetecía mucho escribir algo sobre ingeniería, era alucinante el dominio que tenían los romanos. Era el puente más largo del mundo antiguo. Lo volaron con dinamita para facilitar el tráfico fluvial y tuvieron que usar mucha más dinamita de la que preveían”, explica.

Sobre Trajano, Posteguillo indica que “luchó contra la corrupción y hacía que los corruptos devolvieran el dinero. Con él, Bárcenas habría tenido que hacerlo o habría tenido que enfrentarse al circo con las fieras, lo que es toda una motivación”. El novelista que ya se ganó a una legión de fieles con otra trilogía, la que componían Africanus, el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma, expresa otras razones para su fascinación por el emperador al que dedica su nueva saga. “Trajano comprendió que había que ser austero y decidió no subir los impuestos, hacía públicos los gastos de la familia imperial… Y era tolerante en lo religioso. Lo único que exigía a los cristianos era que reconocieran la autoridad romana”, apunta, antes de completar el retrato con la valentía del personaje. “Militarmente era brillante, e iba a las batallas. Las legiones no combaten igual si el emperador mismo está en el campo de batalla, luchando; se entregan de otra manera”.

Posteguillo, profesor de Lengua y Literatura Inglesas en la Universitat Jaume I, juzga que la novela histórica plasma un panorama más amplio que el que se explica en las aulas. “En la universidad tendemos a la compartimentalización del conocimiento, pero los novelistas históricos contamos muchas cosas, tendemos a la divulgación. Una tesis puede dedicarse a un mosaico romano, pero una novela no se detiene con tanto detalle, te enseña más. El género aporta una forma de conocer el mundo que no tienen las disciplinas académicas”.

Y, ¿qué va a hacer Santiago Posteguillo cuando cierre esta trilogía? “Hay varios caminos posibles”, responde. Una de esas sendas sería “continuar con Roma, hay miles de historias y también ilusión por contarlas”. Al autor le apetece también abordar otras épocas en su literatura. “Hemos avanzado, ahora podemos recorrer la Historia de España novelada por narradores de aquí, algo que no ocurría hace 45 años. Pero todavía quedan muchos huecos sobre los que se pueden escribir”, observa. Aunque no descarta ponerse con “un thriller actual, lo que sería un salto muy grande”, el narrador intuye que seguirá indagando en el pasado. “¿Por qué tanto novelar nuestras derrotas? Lo siento por don Benito y por Arturo, que escribieron obras espléndidas sobre Trafalgar. Sí, hay cuestiones de las que nos tenemos que avergonzar, pero también de las que podemos sentirnos orgullosos”, se rebela. “¿Cuántos indios quedan en Estados Unidos y cuántos en Hispanoamérica? Alguien hizo más el bestia…”.

Santiago Posteguillo. Planeta. Barcelona, 2013. 1.200 páginas. 21,75 euros

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